¿CÓMO MEJORO LA COMUNICACIÓN EN MI FAMILIA?



Cuando hablamos del bienestar general de una persona, éste se logra a través del bienestar en diferentes áreas como pueden ser la laboral, la familiar, la relacionada con las amistades...

En cuanto al bienestar y la felicidad dentro de la propia familia, uno de los factores más relevantes en este sentido es la adecuada comunicación.

Mediante la comunicación podemos transmitir valores, normas, creencias... tanto dentro del núcleo familiar como de generación en generación; además, el lenguaje que empleamos en el día a día, es una de las herramientas que nos ayuda a conocer cómo se sienten los demás miembros de la familia y qué necesitan, explicar determinadas cuestiones, etc. e igualmente expresarnos nosotros mismos.

Sin embargo, hay etapas dentro del ciclo de una familia, o simplemente situaciones concretas, que hacen que esta comunicación se vea dañada de tal modo que ya no resulte eficaz para los componentes de la misma. En estos casos ocurre con frecuencia que los intentos de comunicación llevados a cabo por algún miembro, se convierten en una nueva discusión, lo que lleva a un nuevo malestar, generalmente compartido por todos, y así sucesivamente, entrando de esta forma en un círculo vicioso del que a menudo es complicado salir.

Estas situaciones llegan a generar un pensamiento dentro de la familia, “solamente hablamos para discutir”, el cual a su vez también genera malestar debido a la impotencia por no poder solucionar la situación y los intentos fallidos para comunicarse.

En contra de la creencia de que el tiempo todo lo cura, dejar pasar por alto dificultades en la comunicación dentro del seno familiar puede desembocar en otros problemas como un distanciamiento de los miembros o el aprendizaje de patrones comunicativos y sociales disfuncionales.

Así pues, y a pesar de lo que puedan llegar a pensar estas familias que no ven salida en ese momento, este tipo de problemática sí tiene solución y, mediante la ayuda de los profesionales adecuados, se puede llegar a conseguir de nuevo una comunicación adecuada entre los miembros de una familia y volver a funcionar de una manera sana.

No obstante, para llegar a este punto, deben propiciarse algunas condiciones básicas, entre ellas:

 

- Buscar un momento adecuado para dialogar, cualquiera no es válido; incluso si fuese necesario, acordar un momento determinado al día. No es adecuado dejar pasar la situación, pero tampoco abordarla en el momento de mayor enfado, estrés o malestar; abordarla desde un contexto de tranquilidad favorecerá un mejor desarrollo del nuevo diálogo.

 

- Expresar lo que sentimos, pero también escuchar al resto, adoptando una postura que transmita interés y buena disposición por nuestra parte. Expresando nuestros sentimientos y necesidades sin “acusar al otro” el interlocutor no se siente atacado, puede escucharnos e incluso entendernos e igualmente expresar su parecer desde una postura relajada para ser escuchado.

 

- Comunicar “cómo me he sentido” en la situación concreta en lugar de lo que el otro ha hecho para yo sentirme de este modo y expresar una posible alternativa para situaciones futuras similares, esto es, dialogar desde un rol de asertividad; al fin y al cabo, cada uno de nosotros somos dueños de nuestros sentimientos y su manejo, cosa de la que no podemos acusar al resto si éste es deficitario.

 

- Resulta también útil establecer turnos de palabra para hablar, de este modo se evitan     las interrupciones y que algún miembro no pueda intervenir o se acomode en la evitación del conflicto.

 

Como vemos, la buena comunicación en el seno familiar es sumamente importante, tanto para el bienestar de cada persona de forma individual como para la familia en su totalidad; nos sirve para poder compartir sentimientos, pensamientos, vivencias... y de este modo estrechar esos lazos familiares que contribuyen a nuestra felicidad.

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